Edicion Uno
Zona Joven

La historia del rocanrrol en Esperanza (Parte VI)

22-05-2004

"Quedamos prendidos a esta reseña por estar insertos en las circunstancias de aquél tiempo. No implica ello que hayamos sido los mejores, ni mucho menos, solo éramos jóvenes con ganas de hacer música, algo que pegaba fuerte también en el interior. Nuestra aventura terminó cuando perdimos la "costilla" de la amistad, cuando nos invadió el virus que pica y da el brote de la personalidad individual. Aquello no pertenece a lo que intento contar, que es sí, la mejor parte de nosotros. Stop. Nos empezamos a conocer entre Rubén (Melchiorre), Sergio (Ghelfi) y el Gordo Noroña tocando en la casa de este último en Simón de Iriondo al 2900, como ya lo he dicho. Fue durante el verano del 69, para lo que el patio de Doña Hortensia, amplio y con vecinos condescendientes, fue lo más ideal.

Sergio no tenía teclado pero sí un acordeón a piano por su estudio del instrumento en lo del Maestro Raúl Ricca (Laprida entre Sarmiento y Moreno). A ninguno nos gustaba este aparato que para nada daba la apariencia del Rock, algo contradictorio nuestro pensamiento con la actualidad, en donde el antiguo fueye con la hilera vertical de acordes es frecuentemente utilizado por la mayoría de las corrientes del género. Pero para nosostros olía a pasado, esas cuestiones generacionales tan obtusas, pensándolo hoy, que intentaban romper lazos con lo anterior, en vez de tomarlos para aprender. Juan Carlos (el gordo), lo ayudó a Sergio para que utilizara también su mano izquierda en el tema de los acordes, ya que sus estudios de acordeón mandaban que esta extremidad accionara los bajos, con botones. Todos íbamos aprendiendo algo pero seguían apareciendo problemas, y el más grave era conseguir un baterista estable. Lo de Raúl Cabral había abortado por sus compromisos con el Maestro Cecotti, el "Negro" Mars, que tuvo toda la buena onda y voluntad de probar, no llegó a "cuajar" con lo que esperábamos de su bata. Carlitos Valverdi (fue músico de Rosana Falasca, y a la vez cuñado), también nos dio una mano en este sentido, pero también él estaba muy consustanciado con otro estilo de música y no tuvo inconveniente en hacernoslo saber, así que seguimos en la búsqueda.

Era claro, todas las agrupaciones que había por aquél momento no tocaban precisamente rocanrrol, este realmente era novedoso en la ciudad, salvo la incursión de "Emil and John" (Emilio Monte y Juan Escudero) y la banda que tuvo corta vida integrada por ellos mismos, más Rulli Mottier (1ra Viola), Raúl Cabral (Bata), y muy ocasionalmente Miguelito Norjean en bajo. Cosa que hizo Emilio en la mayor parte de aquél intento que se llamó "The Beats". Ellos fueron fieles al estilo del que estaban impregnados desde la primer mitad de los 60, tocaban Beatles y las buenas melodías del repertorio campestre de Estados Unidos.
Mientras tanto nuestra idea crecía ( no con la prisa que teníamos en la cabeza), alimentábamos los sueños escuchando las bandas que llegaban a TODAY, la confitería del centro en 25 de Mayo y Sarmiento. " Bichos de Candy", "Manteca Rancia" , "Them", todos de Santa Fe entre otros, y sumados a estos "Los Brujos" de la ciudad de Paraná, una de las mejores y más compactas, con quienes llegamos a ser amigos.

No siempre pudimos estar a pleno contacto con los músicos y el ambiente confitero por la falta de moneda, pero nos conformamos sin problemas con escuchar desde afuera, y recuerdo que no habría diferencia con el interior del local, ya que los conjuntos tocaban de espaldas a la vidriera de la ochava (aún existe), que por otra parte parecía constantemente a punto de quebrarse por la potencia del sonido. Literalmente el cristal temblaba y la sangre nos revolucionaba, sentíamos la urgencia de salir alguna vez a reventar orejas, pero en más de una oportunidad nos alejamos de la esquina cavisbajos por el tiempo que restaba para hacerlo.
Un día apareció el "Loco" Pirola a proponernos ingresar a la banda, o lo buscamos porque estaba desocupado, no estoy seguro, y fue otro paso adelante que paradójicamente no fructificaría. Pirola era un buen batero, con velocidad y recursos técnicos, pero no mantenía la calma que los nóveles de la movida roquera del barrio norte, necesitábamos para meternos en la cosa. La dificultad a que nos sometió el "Loco" hizo que propiamente él fuera el fusible que saltó, para no desalentar nuestra inexperiencia, no era el caso de Juan Carlos que tenía las mil y una batallas sobre los escenarios. Por entonces nos habían prestado un lugar en la cancha de Juventud para ensayar. Nada menos que la secretaría, casi como un sitio sagrado para las instituciones, donde guardan sus fotografías añejas, sus cosas más íntimas. Actitud que valoramos a la distancia de más de tres décadas, algo no usual en los clubes, ni siquiera hoy en día. El "canchero", Cali Acosta y Flía,  fueron el primer público que tuvimos, y poco a poco el vecindario, grandes y chicos  se acercaban a escuchar lo que íbamos sacando. Hubo momentos en que se enojaban cuando parábamos para rectificar o repetir una parte, lo que creaba una situación inómoda. LA ANÉCDOTA DE LA LLEGADA DEL FLACO GATTI:  Tiene lo suyo y realmente es para no perderla por su singularidad.

Estaba yo de una amiga, Mary Vanderali (en el viejo bar de su padre en la esquina de Janssen y Amado Aufranc), charlando y tomando mate, y apareció "Cachi" con el que nos conocíamos de la comparsa "hippie" formada en la esquina de General Paz  y Pringles. La amistad con Mary venía también de ahí, de aquella cofradía que reunía más de 40 integrantes, con un Rey Incluído y el trío "musiquero" con Carlitos Stieb, el Gordo y yo, que comenzaba a ladrar. Este es otro tramo de una aventura en donde la música estaba al mango sobre todas las cosas. Con el problema de la "bata" encima, creí descubrir un ejecutante en potencia, en el "tamborilleo" que hacía Cachi con sus dedos sobre la mesa, mientras escuchábamos algo en la radio. Le hice este comentario a Juan Carlos y no pasó mucho para que el flaco apareciera con un redoblante al primer ensayo. En seguida tuvo un bombo el charleston, dos tontones flotantes y algún otro accesorio. Con la ayuda del gordo, aprendió a tocar y fue lo mejor que nos pudo haber pasado. Durante todo 1969 nos pusimos a punto con los temas que se escuchaban por entonces, La Joven Guardia, Los Gatos primordialmente, Carlos Bisso y la conexión Nº 5, Equals, algo de Beatles, Rolling Stones, Credence y otras yerbas, nada nuestro por el "foro". Lo bueno de todo era la gente seguía acercándose y dándonos ánimo, y en ningún momento nadie tiró mala onda por el volumen o "la barra" que se juntaba más de tres veces a la semana en la manzana de Colón y Zeballos. Los hermanos Fargnoli, que despuntaban discografía abundante, traían sus discos para que sacáramos las canciones, o íbamos a su casa en Aarón Castellanos y Peña. Adriano casi llegó a ser nuestra segunda guitarra, pero algo sucedió en el medio para que no sucediera. Los hermanos Hümoller, "Sapo" Cei y otros que pasaron desapercibidos, pasaban por la sala "rojinegra" que en forma gratuita nos cedía un espacio que fue muy valioso para nuestro pequeño aporte al rocanrrol esperancino".

Continuará


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11-08-2017

Portdada de fecha: 11-08-2017

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George Bernard Shaw
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George Bernard Shaw
26.07.1856 - 02.11.1950 Escritor irlandés, premio nobel de Literatura
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