Edicion Uno
Historias de Hombres y Autos

Tres Arroyos, carrera trágica

28-11-2008

Las carreras de autos son una actividad especialmente riesgosa, lo que se puso en evidencia desde las primeras pruebas realizadas en Francia donde el primer accidente se produjo el 2 de mayo de 1898 en una competencia Perigueux-Bergerac-Perigueux, el auto del marqués de Montaignac con Landry-Beiroux chocó con el de Montariol y falleció Mointaignac.
Posteriormente Marcel Renault uno de los fundadores de la marca, perdió la vida en una París-Madrid en 1903, nada más que por mencionar algunos de los primeros y más conocidos que pagaron con su vida el interés por desarrollar el automóvil y su pasión por el deporte que nacía.
A medida que mejoraban los autos también lo fueron haciendo las medidas de seguridad para pilotos y público, apoyados en la experiencia que se iba haciendo. Muchos países prohibieron las carreras en rutas y en Suiza todavía hoy no se corre en velocidad ni siquiera en circuitos cerrados.
Nuestro país no fue la excepción y a medida que se incrementaban las velocidades se fueron multiplicando los accidentes y agravando sus consecuencias. El desarrollo de carreras en rutas o en circuitos precarios o improvisados involucra aún más al público en las consecuencias ya que es más difícil de controlar en ese entorno.
Sin embargo, ya en la época contemporánea uno de los accidentes más pavorosos que se recuerda fue casualmente en la inauguración del Autódromo Municipal de Buenos Aires, donde Giusepe Farina al despistarse se precipitó contra el público mal ubicado en lo que hoy conocemos como el curvón, o la ese del ciervo al prolongarse. Por cuestiones políticas se permitió el acceso a más gente de la que cabía con seguridad y la mala suerte quiso que se produjera un siniestro de proporciones que nunca se supo cuántas vidas causó, ni cuánto en indemnizaciones debió pagar el Estado, con tu plata, la mía y de mi tía Anita, y… Dijeron que era por el sentido de giro y se varió, corriéndose en oportunidades en sentido contrario al actual. Como también trajo problemas se volvió al sentido horario, definitivamente… aunque acá al sur de Asunción definitivo no hay nada… como ven.
Los aficionados al TC tradicional no podemos olvidar la desgracia acontecida a Juan Carlos Navone cuando en la llegada de un Gran Premio venía corriendo a toda velocidad en ese embudo que forma el público e interpretó que se abrirían como lo venían haciendo y lo hicieron, pero hacia un costado, ya que estaban parados sobre la rotonda de San Justo. Por falta de referencias que el público tapaba, no pudo ver y no dobló, incrustándose entre la multitud, con el resultado imaginable. Penoso.
Bordeaban los circuitos árboles, postes y alambrados que guillotinaron cabezas de no pocos pilotos o acompañantes, público temerariamente ubicado, o cruzando la pista, sumaban inseguridad.
De las carreras antiguas, de la época de las baquets, siempre se recuerda "La trágica de Tres Arroyos", una de las competencias que quedó signada por un accidente de proporciones dantescas, donde una cantidad de ingredientes se combinaron para mal.
La precariedad de la seguridad de los autos en sí empezaba en aquel tiempo por el tanque de combustible instalado inmediatamente tras el asiento, totalmente expuesto. Los frenos, los neumáticos, las direcciones y suspensiones configuraban vehículos sumamente inestables. Los circuitos abiertos de tierra, largos, difíciles de controlar, pocos lograban condiciones que impidieran que con el paso reiterado se levantara polvo.
Ya contamos cuando acá mismo en Esperanza, la tierra que no se iba por falta de viento contribuyó a causar un accidente, gracias a Dios sin consecuencias graves, aunque dos autos rotos.
Se cumplieron setenta años de la de Tres Arroyos, tristemente recordada como "La trágica" organizada e iniciada el 13 de noviembre de 1938, que debió suspenderse apenas transcurridos 16 minutos. Cuando los competidores llegaron a cumplir con el primer circuito se encontraron con que no se había asentado el polvo levantado en la partida. La situación se fue agravando con el transcurso de las vueltas de manera que entraban ciegos a la recta principal donde había gran cantidad de público, los boxes y el palco de control.
La próxima semana, si Dios quiere, terminamos este episodio, será hasta entonces.

Bocha Balboni - E-mail:
historiasdehya@gmail.com

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