Edicion Uno
Historias de Hombres y Autos

El inolvidable 2CV - Un grande que llega a los sesenta

12-12-2008

P>Empresarios como políticos antes de la guerra miraban con admiración y cierta envidia el fenómeno del Ford T, que motorizó desde USA al mundo. Como su época había pasado era posible actualizar la idea y muchos pusieron sus cabezas a trabajar para lanzar en Europa un vehículo por supuesto actualizado que reviviera aquel éxito, poniendo el auto al alcance de más gente. Idea que rondaba alrededor del concepto de auto popular.
Citroën siempre fue una empresa de avanzada y había tratado de acercarse al tema con el lanzamiento del 11 ligero y la implantación de cadenas de montaje al estilo norteamericano, pero había que sintonizar más finamente para cerrar el concepto y se dedicaron a encuestar al público. Pronto arriban a conclusiones y se pusieron a trabajar. El resultado les sugería un auto sencillo, de bajo consumo y poco gasto de mantenimiento, de una potencia en torno a los 2 Caballos Fiscales, y acá debemos detenernos en este aspecto.
Desde el surgimiento de los motores se buscó medir su desempeño relacionándolos con el trabajo de un equino (caballo, entre nosotros, ¿no?). Entonces la fuerza de los primeros motores a vapor se medía en caballos vapor (CV). También los diversos estados al ver el surgimiento del automóvil buscaron una forma de hacerse de impuestos basados en la necesidad de la gente de tener un auto. Como por lo general los políticos son muy ávidos pero bastante menos técnicos que un ingeniero automotriz, decidieron emplear una fórmula que variaba según el país, pero más o menos todos los llamaron caballos fiscales. Es decir, era la potencia sobre la que se cobrarían los impuestos, o tasa de circulación. Nacieron así los Caballos Fiscales, que por supina ignorancia de otra cosa que no sean los discursos, peroratas y monsergas, llamaron CV.
Aquellos visionarios ingenieros franceses para hacerlo accesible ubicaron el nuevo auto en la franja que tributaría menos impuestos, los 2 caballos fiscales, de ahí el nombre de 2CV (en Francés deux chevaux, dos caballos entre nosotros). Además ya había otros Citroën con esa denominación, 5CV, por ejemplo. Parece loco, pero es así.
Bien, como los políticos creen que saben todo y un poco más, se metieron a aprovechar el poder ocioso de las fuerzas armadas, y se armó una gran guerra que costó millones de vidas, por hablar de lo importante, porque guita se fue mucha también… Así que los franceses tuvieron que ponerse a pensar en cómo defenderse y el proyecto fue al cajón, ya en una buena etapa de desarrollo y con varios prototipos construidos, que fueron destruidos unos y escondidos otros. Pasados los tiros, en la miseria reinante se hizo más necesario aún un auto económico, así que dieron el empujón que faltaba y se dice que fue una gran sorpresa para el presidente de Francia cuando en aquel salón de Paris el 8 de octubre de 1948, le correspondió el honor de quitar el velo que cubría el modelo que iban a presentar y quedó expuesto con toda su ¿fealdad?: el pobre 2CV.
También se dijo que no faltó un periodista soez (se ve que no es de ahora la mala costumbre) que le preguntara al presidente de Citröen, si junto con el auto venía un abrelatas.
Obra más o menos del mismo equipo que diera nacimiento a los tres grandes éxitos de la firma, el 11 Ligero, en ese momento el 2CV y el DS19 posteriormente. Apodado entre otras cosas Patito Feo, Milonguita (por un tango que dice Milonguita, los hombres te hicieron mal...), moto con cuatro ruedas y paraguas, Rana, TPV (Tout Petit Voiture).
Al principio no tenían Bendix, el mecanismo que hace que al girar la llave de arranque, el burrito se ponga en movimiento mientras es impulsado el piñón a engranar con la corona. Esto último se conseguía tirando una perilla desde el interior, por lo que hacían falta las dos manos para la operación, carecían de medidor de combustible suplantado por una regla que se introducía en el tanque. Los limpiaparabrisas tenían una fuente motriz insólita: la tripa del velocímetro. Los asientos de caño parecían mas bien reposeras de jardín, y eran tan cómodos como estas, en realidad. Tan disparatadas como geniales soluciones, tan ridículas como prácticas, como quiera vérselas, hacen más simpático y más querible al 2CV, donde todo, todo es diferente. Los vidrios delanteros se abren por mitades, y como lo hacen en sentido horizontal, la mitad de abajo se enganchaba en un tetoncito de goma (en él entraba un perno de cabeza redonda instalado en sector bajo de la mitad inferior con un buen golpe), si se la quería llevar abierta a medias, la única solución era mantenerla en posición sacando el codo por la ventanilla.
Dios mediante, la próxima semana le damos la última vuelta de tuerca al Patito Feo.

Bocha Balboni - E-mail:
historiasdehya@gmail.com

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