Edicion Uno
Historias de Hombres y Autos

Más sobre el fantástico 2CV

19-12-2008

En los primeros modelos la apertura de las puertas delanteras era contra viento, cosa que luego se cambió en busca de mayor seguridad (Francia 1964). La capota de lona se enrollaba completamente sobre la luneta trasera, para marchar disfrutando del sol.
Genialidad tras genialidad. Al principio agregaban un embrague centrífugo. De manera que no hacia falta pisar el pedal para poner primera ni accionarlo para arrancar. Regulando en vacío el motor, el embrague estaba desconectado, al oprimir el acelerador y levantar vueltas, la fuerza centrífuga hacía que las zapatas se abrieran y entraran en contacto con el exterior de la carcasa. Eso sí, no siempre el contacto era suave, así que partías cabeceando. Y si te quedabas sin arranque, minga que lo ibas a hacer arrancar empujando!
La suspensión es un capítulo completamente aparte, independiente en las 4 ruedas, los brazos oscilantes contienen en sus extremos batidores de inercia: un tubo vertical dentro del cual corre, en baño de aceite, un contrapeso cargado sobre un resorte, que equilibra el salto de las ruedas, además hay interacción entre los trenes de manera que la información sobre el camino que recoge la rueda delantera prepara a la trasera para lo que viene. Obra del ingeniero Alphonse Forceau.
Su tracción delantera, al tener un sistema de juntas cardánicas no tan perfectas como las actuales, los hacía muy graciosos al verlos salir de los estacionamientos sobre todo, ya que con las ruedas dobladas en ángulos grandes al acelerar avanzaba a los saltitos. En 1965 incorporaron las homocinéticas. Un detalle de avanzada: los frenos delanteros no estaban en las ruedas sino a la salida del diferencial. A campana en los primeros modelos, posteriormente se reemplazaron por discos.
Contrario a lo que se venía imponiendo, su carrocería no era autoportante, tenía chasis en forma de una robusta plataforma que le confiere excepcional rigidez, pese a que el vehículo acusara un peso de sólo 539 kg y alojara con comodidad 4 pasajeros.
Y qué decir del motor: un boxer de dos cilindros, rendidor como pocos. Robusto, con sistema eléctrico de 6 Volt, más adelante llevado a 12. Refrigerado por aire que en los primeros años era de 375cc, llegó a 600cc en su última versión, en una constante evolución.
Un auto tan andador y confortable en tierra como en asfalto, mientras no se tuvieran pretensiones de velocidad. Su sistema de calefacción se basaba en derivar parte del aire de refrigeración de los cilindros al interior del habitáculo. Funcionaba bien. El velocímetro pegado al parabrisas, en un rincón, el escueto volante de caño y esa palanca de cambios en el tablero le conferían una imagen que lo hacía a uno apiadarse de él. Desde el puesto del conductor girando una perilla se variaba el ángulo de incidencia de las luces delanteras.
Con la evolución algunas de sus características fueron cambiando y así por ejemplo, incorporaron un tablero de instrumentos con velocímetro, medidor de combustible y luces espía, mientras los limpiaparabrisas pasaron a ser eléctricos, pero siempre se conservaron los conceptos esenciales: sencillez, originalidad, amplitud, robustez y hasta diseño de avanzada, era un dos volúmenes cuando nadie ni conocía el término! La curva del techo y la caída del capot tienen la forma que adoptaron los autos de hoy.
Las ruedas, a la usanza francesa de aquellos años contaban con sólo tres bulones, fueron como un ícono que distinguían los autos de la patria de la liberté, la igualité y no sé qué más... (Carla Bruni, también, oh!).
Se fabricó en muchos países del mundo y acá también, pero me refería exclusivamente a los hechos en Francia, donde entre todas las versiones casi llegan a 5.000.000. Desde 1958 se importaron en Argentina y en 1959 Citroën Argentina comienza el armado con partes importadas, que habría totalizado unas 140.000 unidades entre las versiones de cuatro puertas, hasta 1979.
Esto me hace acordar un correo que recibí al publicar en un sitio internacional sobre otro Citroën, hace unos años: "Me hiciste emocionar hasta las lágrimas…si el 2CV fue mi cuna, no me dormía si mis viejos no me llevaban a dar una vuelta!" Así de familiares, así de queribles son los 2CV. Esta denominación es genérica, aunque se conocieron también 3CV y otras variantes, en todo el mundo se los llama 2CV.
Lo cierto es que hoy, si hay un auto que uno extraña en la calle es el 2CV!
Fuentes consultadas: Autoclub, Automundo, Autorama, Enciclopedia Salvat del Automóvil, La Nación, Mecánica Popular, Motor Clásico, Parabrisas, Quatroruote, Velocidad, http://www.citroën.com/CWW/en-US, www.cocheargentino.com.ar, www.autohistoria.com.ar, folletos y publicidad de las marcas.

Bocha Balboni - E-mail:
historiasdehya@gmail.com

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11-08-2017

Portdada de fecha: 11-08-2017

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