Edicion Uno
Regionales

Merceditas: más allá del mito

07-11-2003

Mercedes Margarita
Strickler - Kahlow (1916 - 2001)

Que dulce encanto
tiene en mi recuerdo,
Merceditas, aromada
florecita, amor mío
de una vez...

Hablar de ella implica conocer o aproximarse a un historia de vida que se nutre de la realidad y la leyenda, del amor y el temor, de lo próximo y lo lejano. Su andar por la vida comenzó un 21 de diciembre de 1916 en la zona rural de Humboldt (Pcia. de Santa Fe), un contexto geográfico que hacía honor a su abuelos quienes fueron los primeros colonizadores de los campos de la zona.
Desde pequeña y junto a su hermana menor Ernestina y sus padres: Alberto Strickler y Margarita Emilia Kahlow continuó el camino emprendido por sus antecesores y de esta manera su rutina se tiñó de tareas propias del campo. A los siete años comezó a colaborar junto a su padrastro - ya que su padre había fallecido cuando ella tenía solamente siete meses y tiempo después su madre se volvió a casar - en trabajos del tambo. La vida por ese entonces estaba signada por ciertas incomodidades como la falta de luz eléctrica, y como el ordeñe se realizaba muy temprano, ella se levantaba a la una de la mañana para poder cumplir con sus tareas rurales. También trabajaba en la quinta, cuidaba los pollos y toda clase de tareas que requerían de espíritu de sacrificio, constancia y trabajo. Merceditas, como todos la llamaban, era descendiente de alemanes y suizos y en su ser se plasmó desde pequeña el esfuerzo y el valor del trabajo que ella supo imprimir a su actividad.
Sus días alternaban entre el campo y algunas salidas al pueblo de Humboldt, distante a 10 km. de su hogar - Allí iba para los festejos de carnaval  y algunos bailes que terminaban a la una de la mañana.
Fue en el año 1939, cuando llegó al pueblo un conjunto teatral integrado entre otros artistas por Ramón Sixto Ríos (1913 - 1994), nacido en la ciudad entrerriana de Federación. Era un joven muy apuesto que tocaba la guitarra y que al conocer a Merceditas, en uno de los intervalos de la obra en donde se bailaba, quedó deslumbrado y la invitó a bailar. Fue ese el inicio de una historia de amor que se plasmó en la música.
Tal fue el amor que un día Sixto decidió ofrecerle casamiento y llegó a su casa con los anillos pero ella no pudo desafiar su destino; tenía por entonces 24 años enraizados con su gente, su ámbito y no se animó a desprenderse de su tierra, su familia y de todo aquello que la forjó como mujer, como persona.
Pasó casi medio año y en la radio sonaba la canción "Merceditas" que inmediatamente fue un éxito convirtiéndose en uno de los clásicos de la música popular. - También Sixto le dedicó otras dos canciones: "Pastorcita de la flores" y "Las glicinas", que no alcanzaron la trascendencia de la anterior.
La vida de ambos transcurrió por separado: Mercedes en su casa, en sus tareas rurales, pero también con sus ropas de leopardo, su campera de cuero y botas, su moto, sus cabellos rubios, alguna vez teñidos de negro, su carrera de caballos que alguna vez llegó a hacerle a alguien en sus viajes de vacaciones a las Sierras de Córdoba. Era la otra cara de Mercedes, más libre y suelta, que más de una vez arrancó miradas y expresiones maliciosas de los habitantes del pueblo. Sixto por otro lado, en Buenos Aires, se casó y según se inscribe en la nostalgia popular, nunca olvidó a Mercedes. Quizo el destino no beneficiarlo con el don del amor, ya que poco tiempo después, casi a los dos años, quedó viudo.
Durante 40 años no volvieorn a verse, pero cierto día una revista porteña publicó un reportaje a Mercedes donde ella contaba su historia. Dicho ejemplar llegó a las manos de un familiar de Sixto y es así como él se enteró y le escribió una carta invitándola a Buenos Aires.
El reencuentro significó sin dudas, aproximar dos historias de vidas, marcadas por el amor, el recuerdo y el encuentro a través de la melodía que supo plasmar en la música, sentimientos profundos, casi irreverentes y desafiantes. Poco tiempo después Sixto falleció, llevándose consigo sin duda, el recuerdo de quien inspirara su vida y su obra.
Fue ella poseedora de una belleza como pocas, grandes ojos azules transparentes, pelo rubio como el trigal, de un personalidad segura y libre, con fuerte arraigo a su lugar, todo lo que sin dudas cautivó el corazón de aquel hombre.
El patio de la humilde casa donde residió, estuvo siempre coronado de glicinas, y en él se cobijaron perros, loros, muchos gatos (amigos y únicos compañeros de toda la vida) mudos testigos de un increible historia de vida que dejó de existir en la ciudad de Esperanza, un domingo 8 de junio de 2001, luego de que se le detectara una enfermedad terminal.
Fueron 84 años de vida en los que se fusionaron la realidad y la leyenda, alimentada en la imaginación popular por la fuerza arrolladora del amor que no pudo concretarse pero que si supo proyectarse para siempre en cada canción que inmortaliza su recuerdo.
Merceditas fue la musa inspiradora que trascendió para palpitar en el corazón hecho canción.
por Alicia Brunás

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