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Carta desde Venezuela - Mi vida no cuenta, canta

25-01-2008

"Qué situación tan extraña ésta, y sin embargo atrapante en lo que encierra".
Las palabras son de Migdalia Beatriz Mansilla Rojas desde Venezuela, reflejando en este cántaro de amistad su sorpresa a la presente invitación que seguro nos reconfortará. Agradable persona que conocí por sus escritos, con una vida muy particular y a la vez con las problemáticas de cualquier hijo de vecino. Tan sólo bastaron un par de días desde cuando le dije que sus cosas tenían enseñanzas y deseaba publicarlas, y no más allá de ese tiempo su respuesta sin reservas, podría decir sin "escondrijos", llegó a mi correo.

Nació en Cabimas, Estado de Zulia, en su decir, tierra caliente, rica en oro negro, donde todos unos a otros se llaman primos y se habla de vos y cantadito. Es hija mayor de tres hermanos nacidos de María Luisa y Ovidio Antonio, sus padres.

"Desde que me conozco y sé de mi, tenía dos años y once meses cuando nació Idania, luego llegó Ovidio, lo recuerdo como si fuera hoy, que no es ayer".

Migdalia no recita un prospecto de mercado al contarnos sus cosas. Pone en ello su sensibilidad con trazos muy especiales. Como veremos, ella no vino al mundo para un lecho de rosas sino que lleva en sí, espinas que la marcaron profundamente.

"Siempre supe lo que sería y que vería al mundo como distinto, pasaba horas pensando ¿por qué no puedo saber lo que piensan los demás?. Meditaba en la soledad que tenemos de estar encerrados en nuestras propias mentes, atribulados entre tanta información, emoción y sentimiento. Fui una niña extraña tratando de hurgar esos misterios  del tiempo, ese tema lo viví de  pequeña y hoy es uno de mis predilectos. No teníamos muchos amiguitos que nos visitaran en la infancia, los padres celosos de las "malas compañías" nos mantenían como en globos de cristal, ¿para no contaminarnos? Eso nunca lo entendí y fui rebelde, lo sigo siendo en que nadie me censure nada de la vida".

Aprendió a leer y escribir a los cuatro años y ya le daba por garabatear historias y novelas. Escuchaba a su padre leerle poesías, siendo su propósito que ella las aprendiera de memoria pero, su gusto innato por la lectura la hacía repasar historias y poemas como si fuera la primera vez.
Migdalia es soltera sin hijos por propia decisión, pero no solterona, enfatiza, ha sufrido distintos percances y lleva ocho años de haber superado un cáncer de mama. Su padre cuenta 90 años y su madre 81, "han pasado y pasan lo suyo, pero allí están sobreviviendo a la vida prosigue- Idania (su hermana), transita por lo mismo que yo y está en pleno tratamiento. Hoy vivo en Mérida pero he regresado para ayudarla y sostener un poco a la familia, ya que viven juntos en San Cristóbal de Tachira".

Saborea el momento de escribir y siente fascinación ante una página en blanco, una pluma o un lápiz, contempla la hoja imaginando las palabras y lo que contará para compartir. También sus manos manejan pinceles para pintar desde su experiencia con acuarelas, grafito, pastel y óleo, y cuando le da la "vena" de pintar, es de las que pinta varios cuadros en el día.

"Amo a mi familia a pesar de los encontronazos con mi padre, de personalidad fuerte y autoritaria. Nunca me he dejado, ni me gustan las injusticias, y los padres a veces son injustos. Mi madre es un amor y le reprocho ser tan sumisa a veces, o siempre, no sé. En mi adolescencia, aunque me duró mucho tiempo, después quise ser religiosa, monja, y hacia allí elevaba mis anhelos, servir a Dios en mi prójimo. En la Universidad, llegó el día de una voz y un ser que cambió mi vida y ya no fui más la monja que creí habitaba en mí, el amor me ha marcado siempre". 

Hoy Migdalia está retirada de su profesión, Licenciada en Educación, especializada en Orientación Educativa y profesional, lo que "juntó" su pasión por la enseñanza y la Psicología. Ahora dedicada a escribir, deja sentir sus palabras que pretenden ser versos, según define. Es hija, hermana, amiga y ambiciona disfrutar cada instante que respira. Le encanta la naturaleza y la vive, ama al hombre y cree en él a pesar de todo lo que hace y horroriza. Ama a Dios, es católica y vive los preceptos de su fe. "No he pensado en las dudas que quedan al tratar de explicar alguno de ellos -dice- pero soy mujer de fe inquebrantable y sigo hacia delante, hasta que sea mi tiempo de partir".

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