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Editorial / Opinión

Temas sociales

19-07-2013

Esperanza continúa creciendo en materia demográfica y lo que puede ser una buena noticia, trae aparejadas algunas cuestiones que de no encontrar rápida respuesta del Estado en sus distintos niveles deterioran el tejido social de la ciudad.
Al recorrer los barrios hoy se observan muchas familias que no poseen un techo o que sólo tratan de sobrevivir con sus penurias a cuestas, pequeños asentamientos sin las mínimas condiciones de salubridad y otras situaciones que requieren la presencia de los diferentes resortes del gobierno provincial y local.
Para que esta triste realidad no termine desbordándose -en la actualidad ya se empiezan a ver los primeros síntomas en este sentido- el municipio y por ejemplo la policía deben conocer los datos y las necesidades de estas familias para brindarles contención y para que no sean caldo de cultivo de la delincuencia, ya que se han producido casos donde sujetos de mal vivir de otras localidades se refugiaron en estos lugares para hacer de las suyas, convenciendo para que se sumen principalmente a jóvenes que no cuentan con un horizonte claro en sus vidas.
Los funcionarios locales no pueden desentenderse de la problemática basándose en la escasez de recursos, porque los ciudadanos los elegimos para brindar soluciones, no para que se queden en la mera descripción de la realidad. Si en el corto plazo la política social de la ciudad no cambia, las consecuencias serán palpables cada día en mayor medida.